Estar presente

Jack Welsh es famoso por muchas cosas, pero principalmente por lograr resultados y esto lo alcanzaba con frecuencia haciendo presencia, ya fuera apoyando la negociación con los fabricantes de aviones para venderles las turbinas hechas por G.E. o negociando con los reguladores gubernamentales europeos para que autorizaran la adquisición de una empresa con la cual G.E. entraba en riesgo de monopolio en Europa.

En muchos tratados sobre liderazgo, organización o ejecución se menciona como cosa importante la presencia y atención del jefe en el lugar de la acción; ya sea en la fábrica, el centro de distribución o en el punto de servicio al cliente.

Se le ha llamado por ejemplo “managing by walking around” a la técnica de hacer rondas al lugar de trabajo,  y de la filosofía gerencial japonesa se ha incorporado el “gembaismo”, o la práctica de vivir y  resolver los problemas en el área de producción o en donde los problemas se manifiestan. Ahí donde está la acción, debe estar la presencia del jefe.

Es importante el impacto de la presencia del líder sobre el estado de ánimo de los colaboradores o de los seguidores. Si  creemos  las leyendas y las historias, a veces la sola aparición del líder cambiaba el curso de la batalla y de la guerra.

El ejecutivo o el empresario que busca ejecutar con certeza y prisa haría bien en utilizar su presencia como catalizador para lograr resultados. Aunque se trate de una empresa multinacional deberá asegurar tiempo para visitar a las principales operaciones y oficinas alrededor del mundo. Con mucha mayor razón si la empresa no es tan grande aún.

Uno de los mayores beneficios de la presencia del líder en el campo es el poder observar las circunstancias de primera mano y de escuchar con atención a los colaboradores, sus reacciones, entender sus preocupaciones y su relación con los clientes o consumidores y con los colegas.

La comunicación entre el directivo y la línea de acción está llena de filtros y elementos de distorsión. El viaje al nivel de calle, al menos sirve para darse cuenta que hay una realidad de equipo directivo o corporativo, llena de métricas y tendencias y otra realidad al raz del sueldo, a nivel de calle que tiene rostro humano de operadores y clientes, con sus buenas y malas noticias.

El estar presente debe ser ejemplo para que los colaboradores también estén presentes en el piso, en el taller o en la sucursal. No se puede pedir a los seguidores algo que el líder no está dispuesto a hacer.

La cultura de caminar por los lugares de acción, el gembaismo,  la historia del Cid Campeador, Napoleón, César o los modernos generales tienen el día de hoy inmensos beneficios. Como dice Yourcenar en las Memorias de Adriano, cuando una vieja le gritaba  al emperador romano exigiéndole atención “Si no tienes tiempo para escucharme no tienes tiempo para gobernar el Imperio”. El ejecutivo que se da tiempo para visitar las áreas de trabajo y escuchar, tiene tiempo para aprender y tiempo para liderear

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