La invención del líder

Cuando los estados del sur de Estados Unidos deciden separarse de los estados del norte encontraron que no tenían propiamente un ejército. Lo tuvieron que construir mientras estaban ya iniciando la guerra. Uno de los generales que llamaron para organizar y dirigir el ejército y pelear la guerra fue Robert E. Lee. Después de los primeros ejercicios de autoridad en el campo de batalla del recién nombrado jefe de los ejércitos de Virginia del Norte, un biógrafo escribió: “Some generals ascend to fame and glory in one quick leap, but Robert Lee was a fifty four year old man who had never commanded an army in the field. He had much to learn, first of all himself. He was full in the process of inventing himself. The elements of this character were always present but they require an effort of will from his part”. Michael Korda, The Life and Legend of Robert E. Lee.

Si usted vio la película de Lincoln, Lee es el general que firma la rendición de la Confederación y ante quienes todos los generales adversarios como Grant, se quitan el sombrero para despedirlo, en tributo a un gran hombre.

No solo para grandes generales el ejercicio del liderazgo significa un profundo aprendizaje y de invención de sí mismo, para cualquier persona en un ámbito personal o profesional, el liderazgo implica una profundización sobre sí mismos y un ejercicio de voluntad para inventarse.

Al igual que otras actividades y expresiones humanas como el arte y la meditación, el liderazgo confronta, reta y ubica sin misericordia, nos hace enfrentarnos con nosotros mismos y obliga a la transformación para alcanzar el nivel requerido para la situación y sus retos. Nos conocemos en el acto de liderar: aparecen los límites, miedos, demonios y al mismo tiempo nos ayuda a ahuyentarlos y encontrar los recursos para forzar los límites.

El arte nos desafía porque nos encontramos autoimpuestos, vulnerables ante cualquier manifestación del arte, Macbeth y Otelo, Don Quijote, Picasso o el Greco. Nos ubica en la búsqueda y descubrimiento al mostrarnos las posibilidades del espíritu humano y la inevitable comparación con nuestra realidad.

La meditación nos descubre ante nosotros mismos, ante Dios y en la búsqueda de la unión con el universo. El silencio nos va dejando sin cubierta, sólo así nos conocemos y nos descubrimos totalmente, los miedos, sufrimientos, valores y las dudas aparecen sin cesar y al igual que en el arte los vamos enfrentando por un esfuerzo de la voluntad.

El liderazgo muestra nuestro auténtico nivel, el tamaño de la ambición, el grado de sacrificio y entrega. El liderazgo hace añicos la máscara, descubre el “faking” de los sentimientos y del control de las emociones. Nos demuestra el grado de cuidado de nuestra gente, el uso o abuso del poder de la organización, el tamaño de las alianzas. Las conversaciones de futuro.

Nos lleva como dice Carlos Santana de su música, a empoderar a la gente y permitir que sean creativos y funcionen por si mismos. Esto es para muchos el real ejercicio del liderazgo.

El liderazgo es atreverse y el acto nivela al líder con sus talentos recibidos, exige a tope. En la soledad y el silencio de la meditación o en la conversación, en la decisión difícil y en la explicación embarazosa, en la audacia de las decisiones y los cambios e innovaciones, el líder mide fuerzas consigo mismo.

El liderazgo nos hace saber quiénes somos y también celebrar lo que somos. Nos da los motivos para superar los retos, la razón para mejorar, servir mejor. Nos va ubicando y subiendo el listón, muestra el camino para tomar otro escalón y otro nivel de reto.

La meditación no es para cavar un hoyo y huir de lo que encontramos, es para juntar argumentos y hacer costumbres nuevas, repasar los avances y profundizar. Así también poco a poco, junta a junta, batalla tras batalla, decisión a decisión; va creciendo el liderazgo.

Shakespeare muestra a Enrique V, rey de Inglaterra, investigar si legalmente es por herencia, dueño de Francia y si puede legalmente reclamarla. Al confirmar su teoría se embarca en la guerra de conquista contra todos los augurios. Shakespeare nos lleva a investigar cuáles son los límites de nuestros derechos y obligaciones adquiridos con la familia, la empresa y la sociedad. Hasta dónde voy a pelear mi empresa, mi start up o mi iniciativa. Enrique V va a la conquista de Francia y nosotros nos enfrentamos con nuestras conquistas pendientes.

Sólo si nos reconocemos y nos ubicamos en nuestra realidad y la aceptamos, avanzamos. El liderazgo nos hace mejores solo si aceptamos la realidad. Nuestra realidad. La meditación nos permite el crecimiento solo después de ubicar nuestra realidad. El arte nos descubre y si lo aceptamos nos lleva a nuevas alturas humanas. El liderazgo por su parte nos lleva siempre a continuar la travesía. Travesía diaria, no destino. Invento continuo del líder.

 

Roberto Adame

Fundador de Adame & Co., autor del libro "La invención del futuro: El desafío del liderazgo", comprometido en apoyar a las empresas a crecer y a los líderes a alcanzar sus sueños.

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