Prácticas del Líder: Humildad

La humildad se volvió a poner de moda, por su ausencia, con Donald Trump. Según editoriales americanos, Trump inauguró una época de arrogancia y soberbia. Esto es lo que tiene al mundo aterrorizado, ya que la falta de humildad destruye personas, destruye familias, empresas, países e imperios y mete a la persona de poder en una carrera interminable para mantener la ilusión del propio valor ante los demás, y como lo prueba el caso de Trump, mentir, exagerar y acusar a los demás sin miramientos, se convierten en tarea cotidiana.

La humildad en los negocios es el cimiento de muchas prácticas mostradas por los líderes exitosos, está debajo de las prácticas de líder de escuchar, leer, aprender y trabajar en equipo, como cimiento de todas las demás.

La empresa es terreno fértil para olvidar la humildad. Las diferencias familiares, la ambición desmedida, no reconocer el talento o los conocimientos, llevan con frecuencia al límite o al fracaso de la empresa. Mientras que, con un poco de moderación y modestia, no con inyecciones de capital, no con ejecutivos listos, no con consultores brillantes, si no tan solo una pequeña dosis de humildad puede lograr la organización grandes objetivos.

El éxito de la empresa genera un sentido de triunfo y de auto-enaltecimiento. Todo lo bueno se debe al fundador o al líder. Se instala un sentido de arrogancia que va creciendo con los nuevos clientes, las ventas o las utilidades. Lejos queda la idea que podemos estar en un ciclo de economía favorable, en donde a todo el mundo le va bien, donde la industria crece y con ella nuestra empresa; nadie piensa “vamos con el vuelito”. Se olvida también la suerte, o tantos otros factores externos que contribuyen, además del genio de Don Fulano, al crecimiento de la empresa.

La arrogancia desprecia la contribución de los demás a la empresa. En términos guerreros Dwight Eisenhower jefe del ejército aliado que derrotó a la Alemania de Hitler escribió: “la humildad debe ser una parte de toda persona que recibe reconocimiento ganado por la sangre de sus seguidores y los sacrificios de sus amigos” si no reconoce la contribución de los demás, el líder poco a poco se va quedando solo para hacer la tarea.

Ser humilde le permite al líder escuchar. Escuchar a los clientes para saber cuáles son sus necesidades y deseos y satisfacerlos, no para hacer lo que la empresa pueda o quiera. Es la base del Design Thinking y otras prácticas de diseño de productos o servicios, que empiezan con un involucramiento activo, observación directa y empatía con los clientes. Sin humildad no hay atención a los colaboradores ni a la organización. El líder se convierte en dictador y esto puede funcionar por un tiempo, pero a la larga la falta de información real sobre la situación de la empresa, la organización o los clientes además del enajenamiento de los colaboradores, termina por llamar al desastre.

Es la humildad la que defiende al líder exitoso de las acechanzas de los aduladores que minan su autoridad y desquician la personalidad. Ahora vivimos la época del agrandamiento de la persona. Los CV’s se embellecen literariamente y el profesionista empieza desde estudiante a pulir su historia, busca cursos, viajes y obras sociales, no para templar el carácter, ampliando la visión y enriqueciendo la sensibilidad; sino porque se van a ver bien en Facebook o linkedin.

La humildad le permite al líder aceptar los errores sin hacer un drama y sin desgastarse tratando de ocultarlos. Los errores son parte de la vida de las organizaciones, pero hay que aceptar que el perfeccionismo es una plaga en las empresas y que se aprende de cada falla de proyecto o decisión tomada, no del tiempo que se pasa retardándolas hasta que sean perfectas.

Según Carlos Llano, esta práctica-virtud está detrás de los modelos modernos de liderazgo como La Paradoja, el liderazgo de 5° nivel de Jim Collins en Good to Great y, yo agregaría, los modelos recientes de Simon Sinek en Los líderes comen al final.

Según Suskind, la experiencia se gana con trabajo duro y mucha humildad para aprender de los errores. También la humildad es lo que permite tragarse las propias palabras, y como sostenía Churchill alimentarse de las propias palabras, que uno se tiene que tragar, constituye una dieta muy saludable.

Finalmente, la Madre Teresa de Calcuta recomienda para practicar la humildad, entre otras cosas: hablar poco de sí mismo, no querer manejar los asuntos de los demás, perdonar los errores ajenos y aceptar las correcciones y las opiniones contrarias con beneplácito. Todo un programa de vida y una receta para la trascendencia de las empresas.

Roberto Adame

Fundador de Adame & Co., autor del libro "La invención del futuro: El desafío del liderazgo", comprometido en apoyar a las empresas a crecer y a los líderes a alcanzar sus sueños.

1 Comment

  1. Pepe Cavazos

    Muy cierto, gracias por recordarme. Saludos JFC

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